
Qué trabajo me va a costar dejarte marchar. Te vas a ir lleno de mi y vas a volver sin conocerme. Qué trabajo me va a costar dejar sobre tu pecho posibles realidades de imposibles minutos. A la tarde, en la montaña, un Perseo va a limar tus cadenas. ¡Y te vas a ir corriendo por los montes, hiriéndote los pies!
Y acá estamos de nuevo. De vez en cuando se me da por recordarte. Solo a veces y cuando el día es iluso y me toma por sorpresa, es así que cae (como a propósito) sobre mi arrogancia. Entonces te veo. Donde no llega el inhóspito abrazo del tiempo que fue y donde siempre estoy cubierta de polvo. Pero mirá, ya se hizo de noche. Y yo siempre pensando en aquello que me hacía reír, reír y morir al mismo tiempo…
No van a poder seducirte ni mi carne ni mi llanto. Ni los ríos donde dormís tu siesta de oro, tampoco. Desde Oriente a Occidente voy a llevar tu luz gigante. Redonda. ¡Tu luz enorme que convierte mi alma en canción aguda!¡Desde Oriente a Occidente! ¡Qué trabajo me va a costar dejarte ir con los pájaros!¡Voy a levantar tus brazos y se los voy a regalar al viento!¡Voy a levantar -así- tus brazos y se los voy a regalar al viento!
Y tus ojos apuñalándome la espalda.Y un grito asesino que sale de mi corazón. Y yo muriéndome todos los días para que renazcas. Y esa voz que dice: no te vayas, tenés razón. Y tu ausencia cada vez más lejos. Ya no quiero que me dispares por hoy. Aunque la belleza eterna resida en tus ojos, quiero mirar más al Sol. Y una voz que dice no volver, tenés razón… Morirás de todas formas cuando el verano llegue a su fin. Y pasará, ya pasará...
(Invierno de Saco Azul, los fabulosos)