Te veo riendo y parece no importarte nada. Miro tu boca y recuerdo cuántas veces sucumbí ante ella. Si la belleza del mundo, aquella que hace a todas las cosas vivir y nacer, no residiera en tus ojos, seguramente me hubiera esforzado por destruirte... Ahora, sin embargo, solo puedo mirarte...
estos dos ultimso son geniales!
ResponderEliminar