domingo, 14 de noviembre de 2010


Ahora sé cómo duermen conmigo tus ojos, Entre tu paz y la paz del mundo, entre gorriones comiéndose el cielo Y jugando en mi vereda con un puñado de palabras que nunca dijiste. Quiero verte entre las partículas del aire Que llenan mis pulmones y los queman. Llenos de todo, rebalsados de vos…  Perdoname. No puedo con tu mirada. Mi única voz, no sé mirar más allá de tus pestañas. .. Y un día estabas del otro lado de mi abrazo, fusionando tus palabras con mi alma, volviéndola vulnerable ante tu risa, tu risa que muere una y otra vez en mi cabeza...  
Y ese abrazo que nunca llega. 
Y yo que muero todos los días, cada vez que veo pasar tu piel por mis pensamientos, cada vez que toco el espacio infinito en el que dejaste las huellas de tus zapatillas. Decime en qué lugar no estás... Tuve que arrancarme las líneas de la palma de tus manos de los poros de mi piel. Te llevaste el tiempo frio que envolvía nuestros cuerpos libres y despertaba en forma de nube que salía de tu boca, suspiraste sonrisas tristes cansadas de tanta fortaleza, te dormiste una vez en mi cuello y me marcaste tus sueños, bailaste en la noche que te abrazaba con estrellas en tus párpados. Tenés llena de estrellas el alma. Dejaste que el sol te inundara los labios. Sé que tuve que amarte mejor. Y vos tuviste que elegir tus pasos… 

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