En este suelo arado de pasos interminables, entre las rimas que dan los ruidos de las bocinas de tu ciudad cruel, ahí entre la bruma espesa naciendo del caño de escape vi inmolar tu sonrisa desgarrada entre cortinas de nicotina mesurada. Te imagino maldiciendo la existencia del hombre de ciudad, infinitamente vulgar y escasamente alegre. Inalcanzable. Y tus manos frías que me dibujan un limbo en el aire, como líneas invisibles que cortan la respiración y la agitan. Y ese pez que nos mira fijo a los dos, pero no sabe que existimos…
Caio..
Caio..
